2.11.10

Mini entrada post-Waka Waka

Extraño el mundial porque amaba enamorarme de todos sin broncas; porque era bello gritar cada vez que metían un gol; porque amaba mentársela al contrario y que medio mundo me apoyara... Porque es más fácil discutir de fútbol que de economía y Timor Oriental.
Extraño el mundial porque todo estaba donde debía estar; porque no había mala música violando mis oídos y retumbando en mi cerebro todo el tiempo... Porque había cambios, pero éstos no me dañaban.
Extraño el mundial porque yo me sentía libre; porque era una manera de acercarme a la gente que quiero; porque no había presiones ni trigonometría; porque la Facultad de Ciencias era sólo eso y no un sitio incómodo... Porque no tenía la necesidad de un celular: una tele me bastaba.
Extraño el mundial porque la irracional pasión por los partidos me poseía durante casi dos horas; porque me movía traer playeras del equipo y tomarme muchas fotos con ellas (aunque todavía lo hace); porque grabar un sinfín de cosas se me hacía una salvación y un permanente escape a la realidad... Porque tuve un mes en el que pude descubrir cosas raras de mí.
Extraño el mundial porque esos once me hicieron ver lo que sí valía la pena; porque esos once me llevaron a las risas, a los abrazos, a la inundación de lágrimas; porque esos once me demostraron que a veces es bueno tener un gusto superficial y poco intelectualmente trascendental... Porque me hicieron ver lo bello que es saber trabajar en equipo cuando existe la voluntad.
Extraño el mundial. Mucho, mucho.