2.11.10

Mini entrada post-Waka Waka

Extraño el mundial porque amaba enamorarme de todos sin broncas; porque era bello gritar cada vez que metían un gol; porque amaba mentársela al contrario y que medio mundo me apoyara... Porque es más fácil discutir de fútbol que de economía y Timor Oriental.
Extraño el mundial porque todo estaba donde debía estar; porque no había mala música violando mis oídos y retumbando en mi cerebro todo el tiempo... Porque había cambios, pero éstos no me dañaban.
Extraño el mundial porque yo me sentía libre; porque era una manera de acercarme a la gente que quiero; porque no había presiones ni trigonometría; porque la Facultad de Ciencias era sólo eso y no un sitio incómodo... Porque no tenía la necesidad de un celular: una tele me bastaba.
Extraño el mundial porque la irracional pasión por los partidos me poseía durante casi dos horas; porque me movía traer playeras del equipo y tomarme muchas fotos con ellas (aunque todavía lo hace); porque grabar un sinfín de cosas se me hacía una salvación y un permanente escape a la realidad... Porque tuve un mes en el que pude descubrir cosas raras de mí.
Extraño el mundial porque esos once me hicieron ver lo que sí valía la pena; porque esos once me llevaron a las risas, a los abrazos, a la inundación de lágrimas; porque esos once me demostraron que a veces es bueno tener un gusto superficial y poco intelectualmente trascendental... Porque me hicieron ver lo bello que es saber trabajar en equipo cuando existe la voluntad.
Extraño el mundial. Mucho, mucho.

19.9.10

Frustración emocional y frustración por no poder acabar esto porque encontré cosas que me hicieron sentir feliz :D

Y todo empieza a ser normal de nuevo: pedos familiares gracias a la falta de sentido común, represión telefónica, exámenes... The usual & awkward pain.

No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero he tenido una de esas semanas en que todo está muy bien de un lado de la balanza y muy mal del otro. La verdad no fui capaz de escribir todo lo que ocurrió en ningún lado, en parte porque me sigue hiriendo y en parte porque me siento estúpida al volverme a abrir lo suficiente como para decir que he entrado en el club de los corazones más rotos que mi viejo espejo. Digo, no es precisamente como si algo hubiera pasado (esta semana o la pasada o en realidad cualquier semana desde que me metí en esto), pero aun así lo que siento no está bien. No está bien porque yo no me siento bien con ello.

Empecemos por lo básico: "Hola, me llamo Adón Fritzembundi. Hace dos años y medio yo vivía en otro lugar y tenía una vida relativamente normal: estudiaba en la preparatoria, tenía buenos amigos, actividades fuera de la escuela, etcétera. Tengo una pasión inmensa por este mundo, amo la naturaleza y me mueve luchar por ella. Por alguna razón, nací con una habilidad especial para debatir. Y sé cantar. Creo que toco la guitarra, o eso intento. ¿O intentaba? No sé. Pero me gusta muchísimo la música.
Bueno, hace dos años y medio no se me ocurrió que conocería a esta pequeña cosa que ahora intenta escribir acerca de mí. Fue muy raro. Todo ha sido raro, pero, aunque no lo sabe, he aprendido a quererla como es. Es muy rara, pero me encanta que sea así. Es el tipo de personas que se ríen de cualquier cosa. Me encariñé con ella, pero pienso que ella acabó encariñándose más de lo que debería. Y tuve que alejarla. No porque yo sea un demonio infeliz que pretenda hacerle la vida miserable a costa de lo que siente (porque, vamos, como si yo no supiera, Erika), sino porque aprendí que debo aprovechar las oportunidades. Eso no puede incluirla siempre.
Las cosas se han puesto muy raras entre los dos. ¿Estuvo bien decirle, cierto? ¡Tenía que hacerlo! Tarde o temprano se iba a enterar y le iba a doler más y... Tengo que quitarla de aquí antes de que todo salga peor para ella. Suena muy cursi, pero no quiero lastimarla. Es pequeña, es dulce, es inocente; no quiero ser yo quien la despoje de tanta pureza."

Y no es que Mr. Fritzembundi (o la señora de Fritzembundi) sean agentes culpables del dolor que a ratos me asalta y me hace chillar como cerdita hasta quedarme dormida; no es que sean responsables de mi falta de concentración y mi necesidad de fugarme de la realidad de la manera en que sea pueda. El Sr. y la Sra. Fritzembundi sólo tuvieron la hermosa e impactante suerte de estar en el lugar y momento correctos e idóneos. Te odio, Sra. Frtizembundi, y no porque seas mala persona, no porque hayas hecho algo para lastimarme, no porque de verdad te odie: es que tú estás en ese sitio por el que me he muerto desde hace tanto. Te odio porque tienes la asquerosa fortuna de estar cerca de él, de compartir sus miedos y sus sueños, de escucharlo día a día; tienes ese inmenso privilegio que radica en ser la persona en quien plasma su amor y deseo.

29.8.10

Indecisión

Debería estar acabando con la poca tarea que me queda: una mísera cuartilla donde narre un día de los noventa que tuve de vacaciones. He estado pensando en contar de mi poderoso viaje, pero sencillamente se me hace aburrido contar historias potentes de ese estilo.
Podría contar de cuando vi a Nina y jalamos para Coyoacán. O de cuando Santiago de la nada llegó a mi casa y casi me golpeaba con su botellita de Coca-Cola por molestarlo con su amorcito. Podría incluso hablar del Vive Latino o del concierto de Panteón Rococó; total, ambos pasaron en las vísperas de vacaciones. Podría contar de mi comida de cumpleaños o del concierto de Therion. Tal vez podría hablar de cuando me fui con Natasha, Iván y Adris a un restaurante para ver el partido de Alemania-Ghana en una gran pantalla frente al Parque Hundido. Podría hablar de cualquier lunes, jueves o viernes de ejercicio en Los Viveros. La verdad es que no sé de qué escribir y por eso me aplasto como hongo en este sofá y frente a mi querida máquina.
Oigan, ¿la semana pre-clases oficiales cuenta como parte de las vacaciones? Porque entonces tengo una sustanciosa historia para contar...
No.
Hay ciertas cosas que no deben recordarse. A veces es mejor no echarle sal a la herida, ni siquiera por experimentar.
En fin, no sé qué escribir, así que me la paso de blog en blog, buscando algo más saludable que helado en el refrigerador.
Se me antojan litros de agua.
Quiero escuchar música, pero no sé qué quiero. Por ahora, Mägo de Oz me hace sentir menos extraña que Panteón Rococó. No quiero escuchar a Ska-P. No quiero escuchar ska en general... No quiero metal, ni siquiera a Maiden.
Creo que estoy emocionalmente embarazada.


ACTUALIZACIÓN:
He aquí lo que escribí. No sé cómo, pero pude meterlo en exactamente una cuartilla:

Hace algún tiempo, yo era una pequeña niña feliz que festejaba dos cosas simultáneamente: su cumpleaños y el inicio del Mundial de Fútbol Alemania 2006. El único gran problema era estar entre las paredes de la primaria; eso y los vecinos que llamaron para quejarse de nuestro "ruido excesivo".
Pero para Sudáfrica 2010 las cosas cambiaron: siendo yo cuatro años más vieja, pude por fin experimentar el dulce sabor de ver el Mundial desde mi bella casa. ¡Benditas sean las vacaciones preparatorianas! (Cabe mencionar que soy más seguidora de Alemania que de México, así que veía más partidos de los primeros que de los segundos.) [Especialmente porque México jugó como cuatro partidos y Alemania se echó el mismo número que España. ¡Arriba die Mannschaft, el equipo más prolífico del Mundial! N. de la R.]

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Oh sí, yo los amo mucho

Uno de esos días en que mi fiebre por Alemania andaba al tope fue cuando jugaron contra Argentina. Era sábado por la mañana y yo tenía que ir a un curso en un centro de psicología (¡fui a pesar de que el partido empezaba a la misma hora!), así que asistí con mi playera blanca y con cara de pánico (por el partido) y motivación (por la clase).

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Sí, creo que más o menos eso era lo que había en mi alma

Mi papá y yo hicimos un pacto: durante la hora y media del partido, que no vería mi persona por obvias causas, no me mandaría notificaciones ni mensajes; nada, nada, nadita de resultados. Yo quería disfrutar mi clase en la medida de lo posible.
El partido empezó en el momento en que yo entraba al salón. Pasaron tres minutos y sonó mi celular. Era mi padre: "¡Gol de Alemania!". Vaya, un poco de ánimos.
La siguiente hora y media fue de lo más sufrida. La clase trataba de algo tan interesante como teorías de personalidad y yo estaba concentradísima. Bueno, lo estuve hasta que escuché un potente grito colectivo de: "¡GOOOOL!". ¡¿Gol de quién?! No sabía, y no había siquiera recuperádome de la noticia cuando el segundo grito de: "¡GOOOOL!" inundó el lugar. ¡Me estaba dando un ataque de ansiedad! Y mientras, la clase sólo mejoraba con teorías de Freud y psicoanálisis y... ¡GOOOL!
¡Otro gol! A mí me urgía salir de esa clase; de verdad me urgía.
Salí corriendo del salón en cuanto tuvimos un descanso. 4 - 0, favor Alemania.
Creo que fue un buen día de vacaciones. Festejé toda la tarde el triunfo.

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Me canso ganso que mis ojitos brillaban de reteharta felicidad por el triunfo de mis muchachones

Partidos

Ayer fue mi primer partido de volleyball después de dos años y medio de periodo sabático (y dos entrenamientos dolorosos esta semana). No, no se emocionen: ni el uniforme es el de las jugadoras del playero (entiéndase: playera pequeña y apretadísima sin mangas y unos aerodinámicos calzones) ni mi cuerpo el de las mismas. En realidad, lo que estaba usando ayer era la playera color amarillo pollo fosforescente menos favorable en la historia de la humanidad y unos pantaloncillos ajustadísimos, pero no tan incómodos.
Como no me había ido tan mal al entrenar, pensé que la misma emoción que había tenido durante años de jugadora iba a inspirarme para correr el sábado; que la adrenalina que hacía que sacar fuera una proeza iba a resurgir rápidamente en mis venas. Pensé que me volvería una jugadora fregonsísima, muy al estilo de las películas de Disney.

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Sí, me sentía una mujer fregona.

El problema fue cuando de verdad empezó el partido. La lista de cosas se abrió con haber ganado por default (por lo que el partido iba a ser del estilo 'jugar por jugar', sin ninguna cosa referente a la liga de por medio). Nosotras éramos como nueve niñas y ellas eran cinco, así que para cada set, nuestra querida entrenadora mandaba a alguna a jugar con las contrarias.
Como mi entrenadora me conoce desde que me sentía mujer de mundo por estar a finales de la primaria, y como en el fondo de su alma me quiere, me puso entre las primeras seis que iban a jugar.
Ahí empezaron los problemas.
¿Les dije que había pasado dos años y medio sin jugar?
¿Saben lo que dos años y medio sin jugar le hicieron a mi organismo y a mis reflejos deportivos?
¿Han percatádose que en dos años y medio pasan muchas cosas y se aprenden muchos conceptos?
No sé cómo sobreviví al juego. Supongo que mi entrenadora pensó lo mismo porque acabé de nuevo en la banca.

Luego empezó el segundo set y me mandaron como el comodín: a jugar con las contrarias.
Sinceramente, con todo y que me sentía inmensamente estúpida por a duras penas recordar a qué lado debo rotar y en qué sentido se dicen las posiciones en la cancha, no me sentí tan fracasada. Sí, fue muy raro que una de ellas me empujara y jalara de los calzones todo el rato para acomodarme; pero todas hicieron su mejor esfuerzo por animarme y hacerme sentir menos idiota de lo que ya me sentía.
Hasta eso, creo que no fue tan malo el asunto porque las contrarias (y yo) ganaron el segundo set.

Para el tercero, yo ya ni hice nada más que observar cómo todas jugaban como señoritas seleccionadas para Londres.

Ni hablar, creo que tanto tiempo me jodió.

9.8.10

Twist and turn

Prometí por muchísimas razones no volver a abrirme y quedar vulnerable ante el mundo; mas, por sobre todas las cosas, prometí nunca lanzarte una piedra y esconderme donde pudieras hallarme fácilmente... Pero aparentemente todo cambia rápido y sin un aviso previo.

Es por eso que ahora me tienes ante ti, en un estado que cualquier psicópata preferiría para su víctima: aterrada, con esas ganas de vivir que te piden clemencia desde lo más profundo de mis ojos; agitada, con un nudo en la garganta que alberga ese grito que necesita salir. Soy tu esclava absoluta y me tienes a tu disposición entera. ¡Lo puedes obtener todo de mí por el simple y burdo hecho de tener mi vida en tus manos, porque te ha parecido divertido jugar a ser Dios el día de hoy!

Pero...

¿Qué ocurre cuando la víctima da ese giro inesperado y parece disfrutar la escena? ¿Qué ocurrirá cuando llegues a descubrir que me gusta estar así? ¿Aumentarás lo que pasa y serás capaz de complacerme o decidirás largarte y buscar a alguien que te vuelva a saciar la sed de poder y dominio que tanto te persigue?

Tú controlas mi cuerpo mientras yo empiezo a confundir tu mente. ¿Quién acaba siendo Dios entonces?

Quiero...

Más tiempo para descansar de verdad (aunque pienso que es un descaro exigir semejante cosa).
Dormir cuando guste y cuanto guste.
Cantar a todo pulmón.
Tener una máquina del tiempo y regresar una y otra vez a determinados días de mi vida.
Que mañana sea 7 de agosto.
¡El Mundial de vuelta!
Irme al Ángel a final de semestre.
Sobrevivir a este maldito año que me espera ansioso y lleno de maldad.
Largarme a Alemania. Ahora.
Pensar que las cosas no cambiarán tanto; que no me dejarán morir sola; que no me volveré un fantasma.
Regresar todo hasta el punto en que empecé a cagarla tanto.
Llorar y reír al mismo tiempo, pero parece que eso no es muy fácil que digamos.
Tenerlos a todos conmigo.
Dejar de sentir tanto afecto. (¿Lo vales en lo más mínimo acaso?)
No tener tanto algodón en mi cerebro. (Afectas mis pensamientos. ¡Bastante deberías tener con esa capacidad de mutilar con tu presencia mis sentimientos!)
Tener más crédito. (Y saberme capaz de no usarlo en Vuestra Merced.)
Vaciar mi cabeza y empezar desde cero. Todo.
Un respiro de la humanidad... De mi humanidad y de la tuya. (¿Existe, o sea, de verdad es tangible?)
Colorear y leer; seguir coloreando y seguir leyendo sin pensar que todo eso que meto en mi cabeza le quitará espacio esencial a lo que veré en la escuela.
Chocolate.
Ser bella y brillante y así no volverme a preocupar por un montón de idioteces y banalidades.
El mundo a mis pies por un instante.
Lanzar mi teléfono por la ventana y matar a alguien gracias al golpe de la caída.
Hacer una película trágico-cómida basado en eso último.
Una mascota a la cual abrazar en estos momentos de mi vida.
Ser alguien más por 24 horas.
Dejar de engañarme.
Confesar que te quiero aquí a mi lado; que amaría verte de improviso en la semana; que cada día que pasa equivale a una hora más sin dormir por pensar en la posibilidad de encontrarte sin querer.
¡Golpear a tanta gente!
Pelarme con la gente que más quiero y tener un pretexto para lanzarme hacia el vacío.
Que todo salga bien. ¿Tanto cuesta?
Abrir mi clóset y descubrir que hay un portal interdimensional.
A mi peluche de unicornio de regreso.
Llamarte.
Matarte.
Incinerar cosas a lo estúpido.
Un concierto de lo que sea.
Volver a oler ese aire atascado de marihuana.
Reír hasta quedarme sin respirar.
Bailar bajo la lluvia.

De verdad soy una persona caprichosa.

4.6.10

Se supone que iba a ser un tratado filosófico, pero nel

No sé si es por la época de calor, porque ya no tengo al Mr. Patch o qué ocurre, pero últimamente me he sentido nostálgica en tantas maneras que el único modo de frenar mis lagrimitas es tumbarme en un sitio cualquiera y dormir. Supongo que de un tiempo para acá me he acostumbrado rápida y fácilmente a un plan al que denominé cada dos semanas pasa algo mágico y misterioso que me despierta y reanuda este musical gringo al que le llamo 'vida', y ahora que no ha pasado nada, empiezo a tener esa necesidad de acción y machos (grr).
En fin, me la he pasado bastante ociosa gracias a esto de las vacaciones tempranas. He leído un poco de esto y un poco de aquello y en una semana descubrí que ya no sabía ni qué estudiar ni qué hacer con mi vida, hasta que cierta amiga mía me dijo un dato curioso que me regresó a la normalidad; he visto mucha tele, pero nunca podría cansarme de Criminal Minds, así que no me importa pasármela ahí; he jugado DEMASIADO Bejeweled Twist (recomendado si no gustan de los RPG y tienen tiempo de sobra) y ya voy como por el rango trece de más de cien; he estado en la compu, viendo tontería y media, escribiendo tontería y tres cuartos; he dormido y si no sueño con cierto par de especímenes, sueño con violadores, pederastas y pedófilos (así que he optado por hacer todo lo que está a mi alcance para no recordar lo que sueño).
Sueño.
Demonios, tengo muchísimo sueño. Me siento tan cansada que lo único que me despertó en este momento fue releer una entrada y descubrir que todavía hay en mí un cariño y una energía que me mueven más que las bebidas energetizantes.
No tengo nada que decir excepto:

Eres mi pedazo de Red Bull mal licuado.


Ah, nunca permitan que sus hijas bailen así. Hay un lugar en el infierno reservado para las personas que lo autorizan (no quieren saber nada de nadita de lo que les ocurre en esa sala tan VIP, mwahahaha).

18.5.10

Entrada oficial y formal

Hoy estoy totalmente afónica. ¿Qué pasó? Panteón Rococó tocando en la Feria de Metepec fue lo que pasó (au, estómago; au, garganta; au, sistema nervioso; au, yo en general).
¿Cómo acabé yo en un sitio tan famoso por habitantes como Peña Nieto (supuestamente)? Pues decidí que un grupo tan bueno y tan legendario como el buen Panteón merecía mi presencia y mi felicidad absoluta, aunque eso llegara a implicar que me quedaría casi en bancarrota en menos de dos semanas.
¿Valió la pena? Sí, vaya que valió la pena.
Valió la pena pararme a las seis de la mañana.
Valió la pena sólo comer una galleta entre esa hora y las dos o tres de la tarde.
Valió la pena no poder acabarme esa hamburguesa y haber dejado las papas.
Valió la pena haber llevado el celular con crédito, batería y cámara.
Valió la pena la lluvia ligera que se convirtió en un diluvio del que Noé no podría salvarnos.
Valió la pena que los granizos nos atacaran cual avioncitos de guerra.
Valió la pena congelarme y ensuciar completamente mis zapatos y mis pantalones.
Valió la pena el olor a caballo.
Valió la pena comprar nueces y cacahuates.
Valió la pena haberme llevado bloqueador y mi bonita playera negra.
Valió la pena haberme comprado esa pulsera de picos que ahora quiero tanto.
¿Valió la pena ir al baño? Pues sí, mi vejiga estaba más que agradecida conmigo.
Valió la pena grabar pedazos del concierto.
Valió la pena mi nuevo déficit económico.
Valió la pena no poder dormir como hasta la una o dos.
Valió la pena quedarme sin un ápice de voz.
Valió la pena perdernos entre la entrada y la salida.
Valió la pena ver los coches que estaban vendiendo.
¿Valió la pena gastar mucho en un café helado después del concierto? Es la primera vez que a un cappuccino frío no le pongo siquiera una bolsita de azúcar.
Valió la pena haber visto a Panteón.
Valió la pena reír y reír con frases absurdas, caras vergonzosas, momentos que tal vez nunca debieron pasar.

"Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... Y coincidir."

Presentación (o algo así)

Bueno, si acabaron aquí es muy probable que ya me conozcan y cosas así de guapas; por lo tanto, sólo diré lo básico como: "Hola, me llamo Erika, soy una adolescente que exagera absolutamente todo, amo comer chocolates y soy buena para apostar en lo que me conviene".
Le tengo aversión a ciertos números y a ciertas ciudades.

He aquí un intento poco convencional de diario. Reader discretion is advised.