Prometí por muchísimas razones no volver a abrirme y quedar vulnerable ante el mundo; mas, por sobre todas las cosas, prometí nunca lanzarte una piedra y esconderme donde pudieras hallarme fácilmente... Pero aparentemente todo cambia rápido y sin un aviso previo.
Es por eso que ahora me tienes ante ti, en un estado que cualquier psicópata preferiría para su víctima: aterrada, con esas ganas de vivir que te piden clemencia desde lo más profundo de mis ojos; agitada, con un nudo en la garganta que alberga ese grito que necesita salir. Soy tu esclava absoluta y me tienes a tu disposición entera. ¡Lo puedes obtener todo de mí por el simple y burdo hecho de tener mi vida en tus manos, porque te ha parecido divertido jugar a ser Dios el día de hoy!
Pero...
¿Qué ocurre cuando la víctima da ese giro inesperado y parece disfrutar la escena? ¿Qué ocurrirá cuando llegues a descubrir que me gusta estar así? ¿Aumentarás lo que pasa y serás capaz de complacerme o decidirás largarte y buscar a alguien que te vuelva a saciar la sed de poder y dominio que tanto te persigue?
Tú controlas mi cuerpo mientras yo empiezo a confundir tu mente. ¿Quién acaba siendo Dios entonces?
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